Mario sigue sin estar disponible y el quirófano parece la única solución
Lleva tiempo queriéndolo evitar, pero cada vez parece más claro que la solución a los problemas físicos que no han dejado en paz a Mario esta temporada pasan por el quirófano. Ayer, por segunda vez en el presente curso, Pepe Mel lo dejó entrever mientras explicaba por qué el central ya quedó descartado el viernes para el partido de mañana en Valencia contra el Levante. «No ha podido entrenar más de quince minutos esta semana con el grupo», explicaba el técnico que, viendo que persisten las molestias a la altura de un gemelo, consecuencia de la grave lesión en el tendón de Aquiles que lo dejó prácticamente en blanco el curso pasado, no ve otra salida que llevar a cabo un tratamiento «más agresivo».
Evidentemente, el reposo seguido hasta ahora no es suficiente. Como es habitual en estos casos, la última palabra la tiene el futbolista que, por estos problemas físicos y por las tres tarjetas rojas que ha visto, no ha podido encadenar tres partidos seguidos en esta Liga. Esta circunstancia no sólo ha afectado al jugador, sino que también la ha acusado el equipo, pues cuando Mario sí ha podido jugar, obviando las expulsiones recibidas fruto de la fogosidad que le caracteriza, ha demostrado ser posiblemente el mejor zaguero del plantel verdiblanco. En total, ha participado en 12 encuentros ligueros, siempre como titular, y no se viste de corto desde la derrota hace un mes en Mallorca. Se ha perdido la mitad de los partidos y lo peor es que las perspectivas para lo que resta de campeonato no son ni mucho menos halagüeñas.
Sin duda, las repetidas ausencias de Mario han sido y son un considerable contratiempo para Pepe Mel, si bien es cierto que el problema ha quedado maquillado en cierta medida en las últimas jornadas con la llegada en el mercado invernal de Paulao, quien ha ofrecido un notable rendimiento desde su debut y se ha hecho con un puesto de titular junto a Dorado en el centro de la defensa. De todas formas, la situación no es la más conveniente para un conjunto que precisamente no se ha caracterizado por su solidez defensiva, pues con Mario fuera de las alineaciones la retaguardia bética se queda bajo mínimos ya que Amaya aún no está disponible —esta semana, tras varias lesionado, se ha sumado a sus compañeros, aunque acabó tocado el amistoso intersemanal en San José de la Rinconada— y Ustaritz parece haber perdido definitivamente la confianza del entrenador.
Su continuidad, en el aire
Más allá de la merma que supone en el plano deportivo, la perenne lesión de Mario es especialmente importante en lo que a la continuidad del futbolista en Heliópolis se refiere. Dudosa del rendimiento que ofrecería alguien que venía de estar prácticamente parado en el último año y que ha visto cómo su carrera profesional ha estado siempre maltratada por diversas lesiones, la dirección deportiva del Betis optó por hacerle un contrato de una sola temporada con la condición de que éste quedaría renovado automáticamente en caso de que participara en 25 encuentros ligueros, frontera que es prácticamente imposible que rebase habida cuenta de que, para que así fuera, tendría que intervenir en 13 de los 14 partidos que restan en el calendario.
El hecho de que la renovación de esta vinculación no se produzca de manera automática no significa forzosamente que el club no opte al final por seguir contando con sus servicios, aunque visto lo sucedido en los últimos meses está opción habría que ponerla, cuando menos, en cuarentena. Cuestionado ayer en sala de prensa sobre este asunto, Mel no dejó nada claro: «Ahora mismo, el Betis sólo puede preocuparse por lo inmediato, que son los tres puntos que nos jugamos contra el Levante. Hasta que no alcancemos la estabilidad institucional, que sólo llegará cuando hayamos certificado nuestra permanencia en Primera división, no se estudiarán los casos de aquellos cuyo futuro no está cerrado. Hacerlo ahora no tiene sentido, porque de momento no sabemos dónde vamos a estar».
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