El señor Tomás; de valiente torero a futbolista cobarde que huye despavorido
Al hablar de Antonio Tomás pocos son los que visualizan al futbolista y muchos los que ven al torero temerario de Galapagar, ese que basa su arte en el valor, la quietud ante los cuernos y su cercanía con el toro, ese que posee unas excelentes aptitudes para el toreo natural, ese que se hace llamar José y se apellida como Antonio. El torero hermético y controvertido nada tiene que ver con el futbolista que en silencio y lesionado llegó hasta la Ciudad Inmortal de Zaragoza. Antonio, el jugador, es un medio defensivo que pocas veces interpreta papel diferente. José, el torero, es capaz de combinar en sus actuaciones estilo, compromiso, torero hondo y regularidad. El futbolista nunca cambia porque quizás no tenga la capacidad de interpretar guiones diferentes que muestren sus múltiples matices.
Antonio, el que se viste corto, nunca ha destacado por su espectacularidad. José, el que se viste de luces, imprime intensidad a sus lances gracias a sus cualidades artísticas; la chicuelina, la verónica, sus estatuarios con los que suele abrir su faena de muleta y sus quites por gaoneras son algunas de sus señas de identidad. Antonio, el que le da al balón, no se caracteriza por su verticalidad ni plasticidad futbolística. José, el que hipnotiza toros con un trapo rojo, es vertical y plástico, tanto que en ocasiones parece un dibujo animado sobre el albero. Poco tienen que ver pues Antonio y José aunque compartan apellido, mucho hubiese ganado el Real Zaragoza si Antonio fuera al fútbol lo que José es al toreo. Desgraciadamente las cosas no siempre son como nos gustaría que fueran. Aunque eso sí, tras tanto buscar encontré una similitud que ambos comparten. José, el que su cuerpo lleva escondido en un precioso traje no es un gran estoqueador, de hecho muchos triunfos ha perdido al fallar con la espada. Antonio, el que viste ropa ancha pero corta, tampoco destacó a lo largo de su trayectoria por sus estocadas. El futbolista que a la capital de Aragón llegó y que ahora se marcha no ha marcado gol alguno desde el año 2005, ni en Santander ni en Coruña pudo celebrar triunfo; 113 partidos sin saborear el éxito. Cierto es que si lo hizo en su etapa como novillero futbolístico, entonces en el filial del equipo cantabro fue capaz de anotar 6 goles tras 75 encuentros.
Antonio y José, futbolista y torero, se encuentran separados por algo más que dos profesiones; por el valor, ese que a José le impide mover zapatilla alguna del albero aún cuando se encuentra rodeado por los afilados cuernos de un morlaco. Valor sobrante en quien con luces se viste y escaso en quien tacos calza, ese jugador que huye despavorido del Real Zaragoza abandonando un barco al que nunca pareció pertenecer si atendemos a su actitud. Su destino es el CSKA de Sofía, el acuerdo es cuestión de horas. Lesionado y procedente del mercado del parado llegó a la capital de Aragón, ahora, poco tiempo después y devaluado, se marcha de Zaragoza dejando al club aragonés como a ese que siendo cornudo es apaleado. Su fichaje fue obra y gracia de Agapito Iglesias, quien saco de su chistera otro fichaje innecesario pero quizás imprescindible para mantener su estatus. Firmó hasta final de temporada por 150.000 euros, una cantidad de la que el Real Zaragoza se ahorrará la mitad, aunque eso poco parece importarle a un máximo accionista que tan solo se preocupa por mover la mercancía.
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