|
Celebraciones que dan la vuelta al mundo y una sonrisa de pillo convierten al joven realista en la sensación de la Liga. Desvela que ya había hablado con Elustondo y De la Bella para que entraran con él en el coche y anuncia que habrá nuevas sorpresas....
La imagen de Antoine Griezmann metido en uno de los coches expuestos sobre las pistas de atletismo de Anoeta ha dado la vuelta al mundo. Los informativos dedicaron ayer espacio a la celebración del gol y, en especial, al protagonista de la misma. Con sus ocurrencias y su sonrisa de pillo, la perla de Macon se ha convertido en la sensación de la Liga. Él confiesa que cuando marca disfruta como un niño.
Se nota que el chaval tiene madera de estrella. Alejado de la tradicional sobriedad guipuzcoana, el último potrillo sabe sacar partido a sus minutos de gloria. Es consciente de que centenares de cámaras y flashes siguen sus movimientos y le encanta llamar la atención con su fútbol, goles y celebraciones.
Contra el Deportivo festejó su primera diana en la máxima categoría y la ocasión merecía una original puesta en escena. Cabeceó a la red un centro de Xabi Prieto, corrió hacia el córner, cruzó el tartán y se introdujo en un vehículo de la marca que patrocina a la Real. Tras él entraron De la Bella y Elustondo, aunque hubo más compañeros -entre ellos el propio Prieto- que le siguieron la broma. «Lo tenía preparado desde hace tiempo. Pedí que me abrieran el coche y ya había hablado con Elus y De la Bella para que vinieran conmigo», desvela Griezmann, quien se muestra «muy contento por el gol, la victoria y los tres puntos conseguidos» ante el cuadro gallego.
El triunfo confirma que la Real tiene dos cara bien distintas. Fuera se comporta como un equipo gris y temeroso, pero en Anoeta... «Estamos jugando muy bien en nuestro estadio. Creamos muchas oportunidades de peligro y para los rivales será difícil sumar aquí. La afición nos apoya y eso nos da confianza. Se nota que jugamos más cómodos».
Griezmann anotó de certero testarazo, otra novedad en su meteórica carrera. «Había marcado así varias veces en juveniles, pero con la Real nunca». La fidelidad de la grada fue motivo de admiración y gratitud entre los realistas. El lunes, un día intempestivo para el fútbol, acudieron casi 22.000 espectadores a Anoeta. «Le comenté a Elustondo que había mucha gente para el horario que era, tan tarde».
Cuando fue sustituido, el público le despidió en pie y con una sonora ovación. El galo es, sin duda, uno de los ídolos de los aficionados. «Estamos trabajando duro en Zubieta y el reconocimiento de la hinchada nos hace muy felices».
Hubo otros jugadores a los que se premió con aplausos, como Joseba Llorente, Sarpong o De la Bella. A éste último, amigo suyo, se refirió Griezmann. «Está jugando a un gran nivel y se le ve fuerte en este arranque de temporada. Ojalá siga así porque le necesitamos. Espero que renueve su contrato, pero eso no es cosa mía, sino del club».
No tiene carné de conducir
Se da la paradoja de que Griezmann, de 19 años, no tiene aún el carné de conducir. De hecho, siempre le llevan a Zubieta. Espera sacárselo pronto. «Estoy en ello. He solicitado los libros en francés porque para mí es más fácil». Mientras llega ese momento, deberá conformarse con conducir coches con el motor apagado.
Este año hay premio para la mejor celebración de la Liga. Una cadena de hamburgueserías, patrocinadora del torneo, quiere reconocer a los goleadores más originales e innovadores. Participan todos los futbolistas de Primera y Segunda División, al final de la temporada se le dará un premio económico al que reciba más votos en las redes sociales y este dinero será destinado a una organización benéfica de su elección. En el vestuario de la Real apuestan por ser los elegidos. «Me gustan las celebraciones diferentes y hablamos de que podemos ganar. Seguro que habrá nuevas ocasiones para sorprender a la gente».
El historial de festejos de Griezmann es largo y variado. En la memoria de todos permanece su piscinazo en una montaña de nieve contra el Cádiz. O aquella tarde contra el Recreativo de Huelva en la que después de marcar se sentó en una silla para aplaudir la buena jugada de sus compañeros.
Contra el Betis desató una guerra de bolas de nieve entre varios jugadores. Ante el Salamanca reclamó a la grada, llevándose la mano a la oreja, que gritara más fuerte. En ese encuentro también chocó su pecho con el del colombiano Johnatan Estrada.
Aunque la más emotiva fue contra el Huesca, en su estreno goleador con el primer equipo txuri urdin. Aquella tarde de septiembre no tenía nada preparado. Simplemente abrió los brazos y corrió sin rumbo, como poseído, con los ojos enrojecidos y las venas del cuello hinchadas. Fue una reacción espontánea, de las que hoy apenas se ven.
|