La lección de Bielsa
Horas después de que Carlos Gurpegui, capitán del equipo, manifestara públicamente su deseo y su convencimiento de que el asunto de las filtraciones no se volvería a repetir, el diario Deia publica el segundo y, esperemos ahora sí, que último capítulo de este escándalo, los ocho minutos que iban por delante del minuto y medio que se filtró la semana pasada. Cabía esperar que ocurriera algo así; la grabación existía y era solo cuestión de tiempo que alguien la hiciera llegar a un medio o la hiciera circular por la red como ocurrió con la anterior a la espera de alguien la cazara al vuelo.
La nueva filtración requiere un doble análisis: de sus circunstancias, y de su contenido. En cuanto a la primera cuestión, es obvio que quien haya puesto en circulación la nueva grabación ha hecho caso omiso de las palabras de Gurpegui quien expresó lo que opina del asunto con más diplomacia de la que merece el autor de este desatino. Seguimos estando ante unos hechos de una gravedad extraordinaria, que el club está obligado a resolver descubriendo al o los responsables y aplicándoles todo el peso del régimen interno de disciplina con la debida publicidad para que todo el mundo sepa a qué atenerse. Entre los daños más importantes que han provocado estas filtraciones está el de poner bajo sospecha a toda la plantilla, cuando no a todos los miembros del club, y eso, evidentemente no es ni justo ni conveniente. Distinguir a los culpables de las víctimas es una obligación ineludible a estas alturas
En cuanto a la cuestión del contenido, nos encontramos ante una nueva lección de Marcelo Bielsa que pone de manifiesto hasta qué punto se ha integrado y ha entendido al Athletic y a su entorno. Su actitud distante, su negativa a conceder entrevistas, su ausencia en cualquier tipo de manifestación pública que no sean los entrenamientos y los partidos, han podido hacer creer equivocadamente a más de uno, con mejor o peor intención, que Bielsa es un bicho raro que no se compromete con lo que le rodea. Este discurso desmonta esa imagen de arriba abajo.
Como desmonta todas las teorías acerca del trato que dispensa el técnico a sus jugadores. En virtud de algunos intereses nada ocultos, de un tiempo a esta parte se ha estado presentando a Bielsa poco menos que como un maltratador cuya hostilidad ha provocado poco menos que la huida de Javi Martínez y Llorente y amenaza con provocar una estampida en el vestuario. Quienes han alimentado esa idea y quienes la han hecho circular profusamente, han quedado retratados con esta grabación.
Las palabras de Marcelo Bielsa redoblan su valor porque no está haciendo un discurso para la galería, no hace demagogia para quedar bien ante la masa social del Athletic. El habla, cree hacerlo, en la intimidad de un vestuario, esas cuatro paredes desde las que, hasta ahora, nada trascendía. Se dirige solo a su grupo de jugadores y con tono casi paternal, les hace ver lo que ha ocurrido en el tramo final de la temporada. No es que les agreda verbalmente, como se ha dicho, ni que les abronque de una manera desaforada. Es que ni siquiera les hace culpables de lo ocurrido y por el contrario les elogia su responsabilidad y el sentido de grupo de todos, titulares y suplentes, que entrenaran “como animales” y que hicieran y respondieran “a todo lo que les pedí”. Una vez más, él mismo asume la responsabilidad del fracaso.
Les dice, eso sí, una serie de verdades que si son listos y saben asimilar la lección, les serán de mucha utilidad tanto en su vida profesional como al margen del fútbol.
Marcelo Bielsa vuelve a dar una lección de honestidad, implicación y profesionalidad que está al alcance de muy pocos. Un entrenador que vino de Rosario hace apenas quince meses, diez cuando ocurrieron los hechos, se confiesa avergonzado por haber fallado a la sociedad que respalda al Athletic y expresa su rabia porque no percibe ese mismo sentimiento en quienes, como él mismo dice, son parte de ese pueblo.
Se le podrá discutir su idea del fútbol, su testarudez para sostener algunas opciones contra viento y marea o hasta su falta de sentido de la prudencia en las decisiones que toma en algunos partidos. Pero en adelante nadie podrá poner en duda su implicación ni su profundo respeto al Athletic y a todo lo que significa.
Si el que grabó sus palabras lo hizo calculando que podrían servirle para justificar no sé sabe qué actitudes, se equivocó por completo. Los interpelados son ahora los jugadores y el club. Los primeros porque ha llegado la hora de superar el doble fracaso de las finales, y centrarse en la tarea después de perder demasiado tiempo en dimes y diretes. El club porque tiene la obligación de exigir responsabilidades y recuperar la normalidad; y porque no estaría mal que empezara a pensar en cómo asegurarse la continuidad de un personaje que es mucho más que un entrenador.
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