La margarita está deshojada. Si Ibrahimovic abandona el Barça, el club lanzará sus redes sobre Juan Mata. Guardiola y Txiki han analizado el mercado, han descartado todo tipo de alternativas -jugadores contrastados y jóvenes valores emergentes- y han acordado que el valencianista es el futbolista que se ajusta mejor a las necesidades del equipo. La criba final ha quedado vista para sentencia.
Txiki Begiristain ya tiene el visto bueno para preparar otro desembarco en Mestalla. Las coordenadas económicas se mantienen inalterables y el club no tiene previsto ir mucho más allá de los 20 millones de euros. El Valencia, como es de rigor, intentará llegar hasta los 25 ‘kilos’. Por supuesto, no existe jugador válido para abaratar costes. Sólo se aceptará dinero contante y sonante, nada de traspasos, cesiones u operaciones extrañas con jugadores controlados por el club.
El diseño de la operación está encarrilado, aunque la estrategia final es complicada ya que deben solventarse numerosos frentes. De entrada es primordial resolver el futuro de Zlatan. El sueco debe mover ficha en breve y decantarse por su permanencia en el actual proyecto deportivo o bien trabajar conjuntamente con el club para buscar una salida airosa en un mercado con escaso margen de maniobra. Son pocos los clubs que pueden asumir el traspaso y la ficha millonaria del sueco.
A todos estos condicionantes hay que añadir la precaria situación económica del Valencia. Todo el mundo sabe que Silva y Mata están en el mercado futbolístico y con ganas de iniciar nuevas aventuras más ambiciosas. Son los primeros interesados en que fructifiquen las negociaciones, pero deben esperar.
El presidente levantino, Manuel Llorente, ha manifestado su predisposición a otra venta importante y no existen preferencias claras. El primer club que llegue con el dinero exigido por Mata o Silva, siempre y cuando ambos jugadores no digan lo contrario, concretará el traspaso. Al igual que sucedió con David Villa, el Barça cuenta con la complicidad de Mata. Es un punto a su favor, pero las negociaciones no pueden demorarse en exceso. Ibrahimovic tiene la palabra.
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